7/06/2014

AUNQUE NO SUENE LA ORQUESTA


Hasta los cuadros de la pared sabían que haríamos de las calles nuestra película,
que me gusta verla bailar sola después de un concierto,
como Pennylane, entre vasos rotos y confeti.
Que aunque se apague el día y las persianas retumben en el barrio,
aunque no suene la orquesta y el tiro al blanco viaje a otra ciudad,
podemos seguir cantando bajo las bombillas, asediando a las baldosas
por todo Madrid.

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