7/06/2014

INTRUSA



Fumo a oscuras y recuerdo mis escenas favorita.
La pared se llena de fogonazos de luz de coche.
Cada destello es un pequeño fotograma
en el que, inevitablemente, 
apareces, sonríes y te giras,
cruzas las piernas y sigues ahí
acariciándote el pelo.
Y te acaricias y un "ojalá" se estrella contra el suelo en mil pedazos,
como el vaso que delató al camarero que hacía caja para cerrar la jornada,
y seguíamos allí, como si aquello no fuera con nosotros,
como si fuera un hostal de la Gran Vía,
sin movernos, como dos intrusos.
Todas esas imágenes vuelan y vuelan por la habitación,
como los kamikazes sobre los bombarderos.
Fumo a oscuras,
y algunas noches
te convierto en escena.

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